La normalidad que no cesa
Volver, volver,volver, el mantra del confinamiento pandémico que no cesa de sonar en las mentes y las comunicaciones, volver a estar en la calle, volver a trabajar, volver a la escuela, volver a ir al cine, volver a subir una montaña, volver a ver el rostro amado, volver a juntarse para los cumpleaños, volver a vagabundear por las calles sin rumbo fijo, volver a divertirse , a viajar, volver a salir de vacaciones , volver a tocar lo deseado, volver , volver, volver...
Desde el confinamiento todo se transmuta en oro, lo que era plomo , pesadez , desbarajuste, caos inmanejable, fuente de reclamos, visitas forzadas al analista, vacaciones sin remedio con la familia, sacar a pasear el aburrimiento a los shoppings, salir a boliches a exhibir una seguridad de la que se carece, concurrir a trabajos infructuosos y desgastantes que sólo recompensan en parte o en mucho según la suerte, por el esfuerzo, las ganas o el proyecto de vida dejado al lado del camino.
La normalidad que se ansía desde el encierro se presenta como algo a lo que debemos volver y abrazar como a un vieja amistad reencontrada, como un fuego encendido en medio de la fría neblina.
Qué extraños recodos , laberínticos , insondables, nos han traído hasta aquí que consideramos deseable una normalidad por lo razonable y humana pero que sin embargo cobija como en un mazo de cartas infinito, cartas menores y arcanos mayores.
Volver a una normalidad en donde nos parece lógico y racional que se invierta más en guerras que en salud, que se especule con el precio de los alimentos y que para regularlos se escondan o tiren toneladas de granos, donde pocas empresas se han adueñado de la cadena alimentaria, donde el campo se ha despoblado y sean las máquinas quienes siembren y cosechen con mínimo aporte humano, donde al suelo , fuente de vida y sostén de ecosistemas complejos en interacción se lo ha convertido en mero sustrato en donde se arrojan miles de toneladas de químicos tóxicos, para producir alimentos que a la larga nos envenenan, volver a un mundo donde los animales no son criados con compasión sino en cárceles y jaulas ,torturados en sus cortas vidas, llenos de hormonas y de antibióticos que luego originan resistencia en nuestros cuerpos .
Volver a una normalidad en donde no nos enteramos de Haití ,Yemen, Palestina, Siria o el Congo, la matanza de pueblos en el Chaco o en la Patagonia, ya que quedan "lejos " a pesar que no nos cansamos de repetir que la comunicación digital nos conecta en tiempo real en un mundo que se ha vuelto pequeño por la velocidad de las comunicaciones.
Volver a la normalidad en donde matan a mujeres porque las consideran una posesión , un objeto, una normalidad que trafica con las personas, con niños y niñas para que unos pocos ultramillonarios desarrollen ceremonias de pedofilia , y los que pueden viajar de turistas contraten excursiones sexuales con menores o con individuos de otras especies. Una normalidad en donde el dinero es el fin último, la última palabra y la primera ley, es el padre, el hijo el espíritu santo, Shiva , Alá, Cristo , Vishnu y Buda, todos se sacrifican en su altar dorado, todos somos el rebaño. Total el petróleo es quien nos da la energía, la única , la irreemplazable, total el Sol nos llega gratis y a quién le importa.
Tanta normalidad abruma, pesa, se pudre bajo las camas de los hospitales, dirigidos por gentes que venden su experiencia y su saber al mejor postor , porque los humanos somos desechables , y la vida es una mercancía más.
Repitamos juntes :Volver a la normalidad Volver a la normalidad Volver a la normalidad Volver a la normalidad
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